domingo

ah, Vincent... un árbol
siempre puede ser
un incendio

martes

siempre hay parejas
en la mesa del bar
donde nos separamos

jueves

siesta

dejé mi cuerpo
(tibio) sobre el atardecer
que declinaba.
y todo lo que escribí
fue una despedida
de vos.

martes

errante
mi destino
de insípida inercia

domingo

en mí murió un hombre
para poder escribir
estas cosas.

viernes

todo esto pasó
de un lado u otro
de la vigilia

jueves

ante tus ojos fui
esa tarde
completamente otro

martes

el amor es la crítica
del sueño ideal
sobre lo que resultamos ser

lunes

hasta la muerte
estamos enfermos
de tiempo (somos
moribundos)

jueves

la vida
es una de las cosas más tristes
que me pasaron

martes

no es amor:
es tan solo mi vida
que declina

domingo

hablar
es entrelazar con sonidos
la agonía

sábado

no te quiero
no te odio
pero decirte... es parecido

miércoles

el zapping es
una de las formas más profundas
de la tristeza

jueves

los sueños y las ratas
se alimentan
de restos diurnos

sábado

los símbolos
vaciaron mi pena.
una lívida sustancia.

viernes

ruido de televisores
lejanos: silencio
posmoderno.

domingo

insomnio

fui un niño helado
desvelado
ante mi vida.
carta que
no te envié. nostalgia
de mi absurdo corazón.

martes

tu voz me calma
como siesta
en la sombra del verano.

viernes

cosmopolita

la tarde
esta hecha de hombres
que vuelven del trabajo

martes

blanco, negro, gris.
el invierno cansó
los otros colores.

sábado

luna abierta.
un perro llora en la ciudad:
es la ciudad.

miércoles

fui una cosa más
entre las cosas calladas.
madrugada.
este invierno
puede que anide
junto a tu ausencia.

martes

julio

tercer día de tormenta.
llovió
lo que no supe decir.

domingo

se fue el último tren.
vuelvo sobre mis pasos,
a ninguna parte.

jueves

noche sin sueño.
episodio
de la melancolía.

miércoles

martes

en medio de la canción
entendió
que la extrañaba.

viernes

amo a nadie.
el teléfono recupera
su futilidad.

miércoles

mujen los colectivos;
y es lo mismo
que mi cansancio.

domingo

todas las violetas
de tu sangre
hicieron cielo en mí.

sábado

eróstrato y artemisa

trepó hasta los senos
fríos
de su amante inmóvil.

viernes

los lentos colores
del crepúsculo
absuelven (hasta de mí).

jueves

lejana. te pienso
todavía
las noches desiertas.

miércoles

todo delira
impunemente. Kafka
nos está soñando.

lunes

crucé el cementerio
atardecido;
la brisa pesaba siglos.

domingo

era tu concierto roto
hundida flor
entre las lluvias.

sábado

viernes

entre texto y texto
pasaban cosas:
era mi vida.

jueves

I
una hoja
en el suelo del otoño
me descifra todo.
II
inmune
sigo mi vida:
era la lengua del viento.

miércoles

viví, amé,
maté, sentí: hoy
queda literatura.

martes

domingo

la luz que ansié
de tu alma
era un reflejo diurno

viernes

serie del llanto

I

furiosa seda
que se resbala:
un idioma furtivo.

II

trozo de vida
tiritando de frío.
callada verdad.

III

ella llora,
un delirio de músicas,
empantanada.

IV

brusco, violento.
poético.
implacable lenguaje.
V

el llanto sabe
antes que el que llora.
antes, y mejor.

VI

una furia santa
que - como un accidente -
amanece.

VII

a veces mariposa
abismada;
silenciosa perla.

VIII

llanto tenso.
los ojos fijos.
lenta herida de plata.

IX

murmullo
de cristal vibrando.
ronroneo de la lluvia.
_______
fin

miércoles

domingo

sentí que todavía
estabas, y ya
no quise volver.

sábado

la longevidad
- sospecho - es un truco
del sufrimiento.

viernes

si te encuentro
si te veo alguna vez
ya serás otra.

miércoles

preso
de una fragancia
como un pétalo de mar.

martes

amor

colonización sensible
de la dirección
de la sangre.

lunes

¿te acordás?

te extrañé
cuando pasé por la puerta
de ese cine.

domingo

ya rasgadas las ropas
- y detrás de tus muros -
te oiré temblar.

sábado

ciénaga de pastillas
me adiestran
el pulso rojo.

jueves

mar

escamas del mar
ese brebaje antiguo
con piel de serpiente.

miércoles

cruzo los días
sobre huesos de roncos
arboles. Otoño.

martes

insomnio de un escritor

no acierto
en mi desvelo
el adjetivo de mi desvelo.

lunes

amanecía la luz
triste agua; era
la piel de tu ausencia

reflection of moon

domingo

principio


1
La vanidad me hace pensar que él sabía que yo era un escritor, que me había leído y por eso me eligió para entregarme su manuscrito. No es algo que pueda saber. Por lo que me consta, pudo haberselo entregado al primer desconocido que encontró. Tal vez mi recepción obedecía a un calculado juego. Tal vez ya estaban coordinados los pasos siguientes, que juzgué míos. Tal vez ni siquiera eran sus versos: ese cuaderno pasaba ritualmente de mano en mano. Esa tarde no cruzamos una sola palabra. Se acercó a mi mesa, dejó junto a la tasa de café su cuadernito de tapas azules, y desapareció. Pensé, en un principio, que era un vendedor de artesanías. El cuadernito me parecía bonito, lo tomé y ví como pasaba junto a la ventana el muchacho, perdiéndose. Abrí el cuaderno, y noté que estaba todo escrito. Una letra apurada, desprolija. Azul. Eran haikus.
2
Después de haber leído los haikus del muchacho, pensé que era un poco injusto que el circuito se acabase así. No sabía su nombre, ni tenía modo de dar con él. Pregunté al mozo: jamás lo había visto. Quedé sin poder replicar sobre su trabajo. Ahí fue cuando se me ocurrió crear un blog, subir sus sutiles ejercicios literarios. Desconozco con qué propósito. Me basta saber que es una bella historia. Prefiero ser el puente de estos versos, que el lugar donde encallan.
3
De los haikus puedo decir que algunos no están mal. La mayoría no obedece a la métrica establecida por el lejano oriente, pero andan cerca. Algunos simplemente parecen aforismos baratos. Pocos cumplen la sentencia de Basho: capturar el aquí y el ahora. Son más de 400 (no los conté). No publicaré todos de inmediato. Guardaré algunos en el cuaderno todavía, y cada tanto iré revelando - y consecuentemente perdiendo - algún otro. No me parece celoso pretender guardarme un par para mí.
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